Trastornos infantiles y de la adolescencia 2018-04-17T10:29:53+00:00

Trastornos infantiles y de la adolescencia

Ansiedad de separación

Es una etapa del desarrollo durante la cual el niño experimenta ansiedad cuando se separa de la persona que le brinda cuidados en primera instancia (generalmente la madre

Causas, incidencia y factores de riesgo

A medida que los niños se desarrollan experimentan diferentes emociones, por lo general, en una secuencia relativamente predecible. Antes de los ocho meses, el mundo es tan nuevo para los bebés que tienen poco conocimiento de lo que es común y de lo que puede ser peligroso, por lo que las nuevas situaciones o experiencias parecen habituales, no atemorizantes.

En el desarrollo normal, este período inicial comprende el establecimiento de familiaridad con el ambiente del hogar y una sensación de seguridad y bienestar cuando los padres u otras personas encargadas de cuidarlos están presentes. Después de este tiempo de familiaridad, a menudo se produce temor debido a que el niño reconoce que algo poco común está sucediendo.

Entre los 8 y 14 meses de edad, los niños experimentan miedo a menudo, cuando conocen personas nuevas o visitan nuevos lugares. Ellos reconocen a sus padres como familiares y seguros. Cuando se separan de ellos, particularmente cuando están lejos del hogar, se sienten amenazados e inseguros.

La ansiedad por la separación es una etapa normal del desarrollo. Ayudaba a los ancestros a mantenerse vivos y ayuda a los niños a aprender a dominar el ambiente. Por lo general, finaliza alrededor de los 2 años de edad, cuando los niños que empiezan a caminar comprenden que los padres pueden estar fuera del alcance de su vista, pero que van a regresar. A esta edad, igualmente, se presenta un deseo normal de probar su autonomía.

La resolución de la ansiedad por la separación depende de un sentido adecuado de seguridad y confianza en personas distintas a los padres, la confianza y seguridad en su entorno y la confianza de que los padres van a regresar.

Aun después de que el niño haya superado esta etapa en forma exitosa, la ansiedad por la separación puede reaparecer durante períodos de estrés. Cuando esta ansiedad interfiere en la vida diaria del niño y de su familia, se torna patológica, necesitando tratamiento.

Síntomas

  • Sufrimiento excesivo cuando se separa al niño de la persona que lo cuida en primera instancia.
  • Preocupación acerca de la pérdida o daño a la persona que le brinda los cuidados.
  • Negativa constante a ir a la escuela u otros lugares debido al miedo por la separación.
  • Negativa a acostarse sin la presencia cercana del adulto significativo.
  • Pesadillas
  • Quejas físicas repetitivas

Diagnóstico

No existen exámenes para esta condición ya que es normal. Si persiste una ansiedad severa por la separación después de los dos años de edad, puede ser necesaria una evaluación psiquiátrica para determinar si se presenta un trastorno por ansiedad u otra condición.

Tratamiento

No se requiere ningún tratamiento para la ansiedad por separación ordinaria.

Para los niños mayores que no han superado con la edad la ansiedad por separación, o que ésta ha reaparecido hay que aplicar tratamiento. Los tratamientos efectivos pueden incluir psicoterapia (asesoramiento para los padres y el niño, cambios en la forma como los padres manejan a sus hijos, terapia de familia) y/o medicamentos contra la ansiedad.

Rabietas

Son comportamientos alterados e indeseables o arrebatos emocionales exhibidos en respuesta a deseos o necesidades insatisfechas. También se pueden referir a la incapacidad para controlar las emociones debido a la frustración o a la dificultad para expresar una necesidad o deseo particular.

Información

Las rabietas o “berrinches” son comportamientos naturales durante el desarrollo de la primera infancia. Los niños tienen una tendencia normal y natural a afirmar su independencia a medida que aprenden que son seres aparte de sus padres.

Este deseo de control a menudo se manifiesta diciendo “no” frecuentemente y teniendo rabietas que se combinan con el hecho de que el niño puede no tener el vocabulario para expresar adecuadamente sus sentimientos.

Las rabietas finalmente son un comportamiento para llamar la atención. Una estrategia para minimizar la duración y severidad de la rabieta es ignorar el comportamiento. En tanto el niño esté seguro y no esté siendo destructivo, hecho de alejarse caminando hasta otro cuarto en la casa puede acortar el episodio debido a que ahora el drama no tiene ningún público. Algunas veces, el niño lo seguirá y continuará con la rabieta. No hable ni reaccione hasta que el comportamiento cese. Luego, serenamente discuta el asunto y ofrezca alternativas aceptables sin ceder ante su demanda.

Las rabietas generalmente comienzan entre las edad de 12 a 18 meses, empeoran entre los 2 y 3 años, luego disminuyen rápidamente hasta la edad de 4 años, después de lo cual casi no se deben volver a presentar. El hecho de estar cansado, hambriento o enfermo puede hacer que las rabietas empeoren o se vuelvan más frecuentes.

Verifique que el niño coma y duerma en las horas acostumbradas. Si el niño ya no hace la siesta, igualmente es importante tener algún tiempo de reposo. El hecho de acostarse durante 15 a 20 minutos o descansar al lado suyo mientras leen cuentos juntos en momentos regulares del día puede ayudar a prevenir las rabietas.

Cuando su hijo tenga una rabieta fuerte, es importante que usted permanezca calmado. Ayuda el hecho de recordar que son comportamientos normales y que no son su culpa, ni usted es un mal padre ni su hijo o hija es un niño malo. El hecho de gritar o golpear a su hijo sólo empeora la situación. Una respuesta y atmósfera calmadas y pacíficas, sin “ceder” o romper con las reglas que usted estableció, reducirá el estrés y hará que ambos se sientan mejor.

Recuerde que los niños imitan el comportamiento. También puede intentar distraer la atención del niño hacia actividades que le gusten o tratar de poner una cara graciosa. Si usted no está en la casa durante la rabieta, trate de llevar al niño a un lugar tranquilo como el carro o un baño, manteniéndolo a salvo hasta que la rabieta haya terminado.

Otros métodos para tratar de prevenir las rabietas pueden ser:

  • Utilizar un tono animado al solicitarle a su hijo que haga algo, haciendo que suene como una invitación, NO una orden. Por ejemplo, “si te colocas la chaqueta y el gorro, podrás salir a jugar con tus amigos”.
  • Hacer valer las reglas. En otras palabras, no pelear con relación a cosas sin importancia como qué zapatos debe usar su hijo o si se deba sentar en la silla alta o en el asiento auxiliar. La seguridad es lo que realmente importa, como no tocar una estufa caliente, mantener abrochada la silla del coche, no jugar en la calle, etc. Como lo expresa la Academia Estadounidense de “mientras el niño que comienza a caminar o el niño de preescolar esté diciendo ‘no’ a todo…, los padres deben decir “no” sólo unas cuantas veces al día, cuando sea absolutamente necesario”.
  • Ofrecer opciones cuando sea posible. Por ejemplo, deje que su hijo decida qué ropas usar y los cuentos que desea leer. Un niño que se siente independiente en muchas áreas, probablemente acatará más las reglas cuando son obligatorias. NO ofrezca opciones que no existan realmente.

Se recomienda acudir a un profesional de Salud Mental (Psiquiatra o Psicólogo) si:

  • Las rabietas empeoran después de los 4 años.
  • Su hijo se lesiona a sí mismo o a otros o destruye pertenencias durante las rabietas.
  • Su hijo también tiene pesadillas, involución en el control de esfínteres, dolores de cabeza, dolores abdominales, se niega a comer o ir a la cama, presenta ansiedad o tiene un apego excesivo hacia sus padres.

Síndrome de Asperger

El síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del desarrollo que se caracteriza por:

– intereses limitados o una preocupación inusual con un objeto en particular hasta la exclusión de otras actividades

– rutinas o rituales repetitivos

– peculiaridades en el habla y el lenguaje, como hablar de manera demasiado formal o monótona, o tomar las figuras retóricas literalmente

– comportamiento social y emocionalmente inadecuado e incapacidad de interactuar exitosamente con los demás

– problemas con comunicación no verbal, inclusive el uso restringido de gestos, expresiones faciales limitadas o inadecuadas, o una mirada peculiar y rígida

– movimientos motores torpes y no coordinados

Los padres generalmente sienten que hay algo inusual respecto a su hijo con SA cuando llegan a su segundo o tercer cumpleaños; algunos niños pueden exhibir síntomas en la infancia. A diferencia de los niños con autismo, los niños con SA mantienen sus habilidades tempranas de lenguaje. Los retrasos de desarrollo motor, como gatear o caminar tardíamente, y torpeza, a veces son el primer indicador del trastorno.

La incidencia de SA no está bien establecida, pero los expertos en estudios de población estiman que dos de cada 10,000 niños tienen el trastorno. Los varones tienen tres a cuatro veces más probabilidades que las niñas de tener SA.

Los estudios en niños con SA sugieren que sus problemas con socialización y comunicación continúan en la edad adulta. Algunos de estos niños desarrollan síntomas psiquiátricos adicionales y trastornos en la adolescencia y la edad adulta.

¿Cuáles son algunos signos o síntomas comunes?

El síntoma más distintivo es el interés obsesivo del niño en un objeto o tema único hasta excluir cualquier otro. Algunos niños con SA se han convertido en expertos en aspiradoras, marcas y modelos de automóviles, hasta objetos tan peculiares como freidoras. Los niños con SA quieren saberlo todo sobre su tema de interés y sus conversaciones con los demás serán sobre muy poco más. Su experiencia, alto nivel de vocabulario, y patrones de lenguaje formales los hacen parecer como pequeños profesores.

Los niños con SA reunirán grandes cantidades de información sobre su tema favorito y hablarán incesantemente sobre esto, pero la conversación puede parecer como una colección de hechos y estadísticas al azar, sin punto o conclusión.

Su habla puede estar marcada por la falta de ritmo, una inflexión peculiar, o un tono monótono. A menudo los niños con SA carecen de la capacidad de modular el volumen de su voz. Por ejemplo, se les debe recordar hablar suavemente cada vez que entren a una biblioteca o un cine.

A diferencia del gran retraimiento del resto del mundo que es característico en el autismo, los niños con SA están aislados debido a sus malas habilidades sociales y pocos intereses. De hecho, tal vez se acerquen a otras personas, pero hacen imposible la conversación normal debido al comportamiento inadecuado o excéntrico, o tratando de hablar solamente de su interés único.

Los niños con SA generalmente tienen antecedentes de retrasos de desarrollo en las habilidades motoras. A menudo son torpes y tienen mala coordinación con una marcha que puede parecer forzada o dando brincos.

Muchos niños con SA son muy activos en la niñez temprana, y luego desarrollan ansiedad o depresión como adultos jóvenes. Otras afecciones que a menudo coexisten con SA son TDAH, trastornos con tics (como el síndrome de Tourette), depresión, trastornos de la ansiedad y trastorno obsesivo-compulsivo.
¿Qué causa el SA?

La investigación actual señala a las anormalidades cerebrales como la causa de SA. Estos defectos más probablemente están causados por la migración anormal de células embriónicas durante el desarrollo fetal que afecta la estructura cerebral y el “cableado” y luego va a afectar los circuitos neuronales que controlan el pensamiento y el comportamiento.

Los científicos han sabido siempre que debía haber un componente genético en SA y en los otros trastornos autistas debido a su tendencia hereditaria. Se observó evidencia adicional para el vínculo entre las mutaciones genéticas heredadas y SA en la mayor incidencia de familiares que tienen síntomas de comportamiento similar a SA pero de forma más limitada. Sin embargo, nunca se ha identificado un gen específico para SA. En cambio, la investigación más reciente indica que es probable que haya un grupo común de genes cuyas variaciones o supresiones hacen que una persona vulnerable desarrolle SA. Esta combinación de variaciones o supresiones genéticas determinará la gravedad y los síntomas de cada persona con SA.
¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico de SA se complica por la carencia de una evaluación o programa de diagnóstico normalizado.

La mayoría de los médicos confía en la presencia de un grupo esencial de comportamientos para alertarles sobre la posibilidad de un diagnóstico de SA. Estos son:

  • contacto ocular anormal
  • retraimiento
  • no darse vuelta cuando se los llama por su nombre
  • no usar gestos para señalar o mostrar
  • falta de juego interactivo
  • falta de interés en los demás

Algunos de estos comportamientos pueden ser aparentes en los primeros meses de la vida del niño, o aparecer más tarde. Antes de los 3 años de edad, deben estar presentes problemas en al menos una de las áreas de comunicación y socialización o comportamiento repetitivo y restringido.

El diagnóstico de SA es un proceso en dos etapas. La primera etapa comienza con la evaluación del desarrollo durante un examen de “niño sano” con el médico familiar o el pediatra. La segunda etapa es una evaluación integral de equipo para considerar o descartar el SA. Este equipo generalmente incluye a un psicólogo, neurólogo, psiquiatra, logopeda, y otros profesionales con experiencia para diagnosticar a niños con SA.
¿Se dispone de tratamientos?

El tratamiento ideal de SA implica terapias que abordan los tres síntomas esenciales del trastorno: malas habilidades de comunicación, rutinas obsesivas o repetitivas, y torpeza motora. No existe un paquete ideal de tratamiento para todos los niños con SA, pero la mayoría de los profesionales está de acuerdo que lo antes que se intervenga será lo mejor.

Un programa eficaz de tratamiento incluye:

  • entrenamiento en habilidades sociales
  • terapia cognitivo-conductual para los niños más ansiosos o explosivos a manejar mejor sus emociones y disminuir sus intereses obsesivos y rutinas repetitivas
  • medicamentos para enfermedades coexistentes como depresión y ansiedad
  • terapia ocupacional o física para los niños con problemas de integración sensorial o mala coordinación motora
  • tratamiento logopédico para ayudar a los niños que tienen problemas con la pragmática del lenguaje
  • apoyo para padres, para enseñarles las técnicas de comportamiento para usar en el hogar

¿Mejoran los niños con SA? ¿Qué sucede cuando llegan a la edad adulta?

Con un tratamiento eficaz, los niños con SA pueden aprender a lidiar con sus discapacidades, pero aún pueden encontrar que las situaciones sociales y las relaciones personales exigen gran esfuerzo. Muchos adultos con SA son capaces de trabajar exitosamente en trabajos establecidos, aunque pueden continuar necesitando aliento y apoyo moral para mantener una vida independiente.

Trastorno bipolar en niños y adolescentes

¿Experimenta su hijo cambios intensos de estado de ánimo? ¿Tiene también cambios extremos de comportamiento? ¿A veces se entusiasma demasiado o hace tonterías? ¿Observa usted que en otras ocasiones se pone muy triste? ¿Estos cambios de estado de ánimo afectan la manera en cómo su hijo actúa en la escuela o casa?

Algunos niños y adolescentes que tienen estos síntomas pueden sufrir del trastorno bipolar.

¿Qué es el trastorno bipolar?

Los niños que sufren del trastorno bipolar experimentan cambios inusuales en su estado de ánimo. A veces se sienten muy felices y “animados” y son mucho más activos que de costumbre. Esto se llama manía. Y a veces los niños que tienen trastorno bipolar se sienten muy tristes y “deprimidos” y son mucho menos activos que de costumbre. Esto se llama depresión.

El trastorno bipolar no es lo mismo que los altibajos normales que experimentan todos los niños. Los síntomas bipolares son más potentes. La enfermedad puede hacer que a un niño le resulte difícil desempeñarse bien en la escuela o llevarse bien con sus amigos y familiares.

Los niños y adolescentes que sufren del trastorno bipolar deben recibir tratamiento. Con ayuda pueden mejorar y llevar vidas exitosas.

¿Quién puede desarrollar el trastorno bipolar?

Cualquier persona puede desarrollar el trastorno bipolar, incluso niños y adolescentes. Pero, en la mayoría de los casos, el trastorno bipolar comienza en las últimas etapas de la adolescencia o a principios de la adultez. Generalmente la enfermedad dura toda la vida.

Cuando los niños presentan la enfermedad, se llama trastorno bipolar de aparición temprana. Este tipo de trastorno bipolar puede ser más grave que el que comienza en las últimas etapas de la adolescencia o en la adultez. Además, los jóvenes que sufren del trastorno bipolar pueden tener síntomas y cambios de estado de ánimo con mayor frecuencia que los adultos que tienen la enfermedad.

¿Qué causa el trastorno bipolar?

Son varias las cosas que pueden contribuir al trastorno bipolar, entre ellas:

  • Los genes, porque la enfermedad es hereditaria. Los niños que tienen uno de los padres o hermanos con trastorno bipolar tienen más probabilidades que otros niños de sufrir de la enfermedad.
  • La anormalidad en la estructura y función del cerebro.
  • Los trastornos de ansiedad. Los niños con trastornos de ansiedad tienen más probabilidades de sufrir del trastorno bipolar.

Las causas del trastorno bipolar no siempre son claras. Los científicos están estudiando el trastorno para obtener más información sobre las posibles causas y los factores de riesgo. Estas investigaciones quizás puedan ayudar a los médicos a predecir si una persona sufrirá del trastorno bipolar.

¿Cuáles son los síntomas del trastorno bipolar?

Los cambios de estado de ánimo bipolares se llaman “episodios anímicos”. Su hijo puede tener episodios maníacos, depresivos, o “mixtos”. Un episodio mixto incluye síntomas maníacos y depresivos. Los niños y adolescentes que sufren del trastorno bipolar pueden experimentar más episodios mixtos que los adultos que tienen la enfermedad.

Los episodios anímicos duran una semana o dos o a veces más tiempo. Durante un episodio, los síntomas se presentan todos los días durante la mayor parte del día.

Los episodios anímicos son intensos. Las emociones son fuertes y ocurren junto con cambios extremos en el comportamiento y los niveles de energía.

Los niños y adolescentes que sufren un episodio maníaco pueden:

  • Sentirse muy felices o hacer tonterías de una manera inusual
  • Ponerse repentinamente de muy mal genio
  • Hablar muy rápido sobre muchas cosas distintas
  • Tener problemas para dormir pero no sentirse cansados
  • Tener problemas para mantenerse concentrados
  • Hablar y pensar más a menudo en el sexo
  • Hacer cosas peligrosas

Los niños y adolescentes que sufren un episodio depresivo pueden:

  • Sentirse muy tristes
  • Quejarse mucho de dolores, como dolores de estómago y cabeza
  • Dormir muy poco o demasiado
  • Sentirse culpables e inútiles
  • Comer muy poco o demasiado
  • Tener muy poca energía y falta de interés en las actividades divertidas
  • Pensar en la muerte o el suicidio

¿Tienen otros problemas los niños y adolescentes que sufren del trastorno bipolar?

En los jóvenes, el trastorno bipolar puede coexistir con varios problemas.

  • Abuso de sustancias. Tantos los adultos como los niños que sufren del trastorno bipolar corren el riesgo de abusar del alcohol o las drogas.
  • Trastorno de déficit de atención e hiperactividad o TDAH. Los niños que sufren del trastorno bipolar y TDAH pueden tener problemas para mantener la concentración.
  • Trastornos de ansiedad, como ansiedad por separación. Puede que los niños que sufren de ambos tipos de trastornos deban acudir al hospital con mayor frecuencia que otras personas que tienen trastorno bipolar.
  • Otras enfermedades mentales, como la depresión.

A veces los episodios anímicos vienen acompañados de problemas de comportamiento. Los jóvenes pueden correr muchos riesgos, como conducir a demasiada velocidad o gastar mucho dinero. Algunos jóvenes que sufren del trastorno bipolar piensan en el suicidio.

¿Cómo se diagnostica el trastorno bipolar?

Un médico (psiquiatra) con experiencia examinará cuidadosamente a su hijo. No hay análisis de sangre o pruebas de imagen que pueda diagnosticar el trastorno bipolar. Por lo tanto, le hará preguntas sobre los patrones de estado de ánimo y sueño de su hijo. También le preguntará sobre la energía y el comportamiento de su hijo. A veces los médicos necesitan saber sobre los problemas médicos en su familia, como la depresión o el alcoholismo. Puede utilizar análisis para ver si es otra enfermedad y no el trastorno bipolar lo que está causando los síntomas a su hijo.

¿Cómo se trata el trastorno bipolar?

Un tratamiento adecuado puede ayudar a controlar los síntomas. Un tratamiento funciona mejor cuando es continuo y no es interrumpido de vez en cuando.

1. Medicamentos. Hay distintos tipos de medicamentos que pueden dar buen resultado. Los niños responden de distintas maneras a los medicamentos, así que el tipo de medicamento seleccionado depende del niño. Puede que algunos niños necesiten más de un tipo de medicamento porque sus síntomas son muy complicados. A veces los niños deben probar distintos tipos de medicaciones para descubrir cuáles dan mejor resultado.

Los niños deben tomar la menor cantidad y las dosis más bajas posibles de medicamentos para aliviar sus síntomas. Una buena manera de recordar esto es “comenzar con dosis bajas y progresar lentamente”. Además, los medicamentos pueden provocar efectos secundarios. Siempre informe al médico de su hijo sobre cualquier efecto secundario que le cause problemas. No pare de darle los medicamentos a su hijo sin antes consultar a un médico. Suspender de repente los medicamentos puede ser peligroso y puede empeorar los síntomas bipolares.

2. Psicoterapia. Hay distintas clases de psicoterapia” que pueden ayudar a los niños que sufren del trastorno bipolar. La psicoterapia puede ayudar a los niños a cambiar su comportamiento y controlar sus actividades diarias. También puede ayudar a los jóvenes a llevarse mejor con sus familiares y amigos. A veces la psicoterapia incluye a los familiares y amigos.

¿Qué pueden esperar los niños y adolescentes del tratamiento?

Con tratamiento, los niños y adolescentes que sufren del trastorno bipolar pueden mejorar con el tiempo. Se obtiene mejor resultado cuando los médicos, padres, y jóvenes trabajan en conjunto.

A veces se producen cambios en el trastorno bipolar de un niño. Cuando esto ocurre, también debe cambiar el tratamiento. Por ejemplo, puede que sea necesario que su hijo pruebe un medicamento diferente. El psiquiatra también puede recomendar otros cambios en el tratamiento. Los síntomas pueden reaparecer luego de un tiempo y puede que se tenga que realizar más cambios. El tratamiento puede llevar tiempo, pero si se sigue de manera indicada, ayuda a muchos niños y adolescentes a tener menos síntomas bipolares.

¿Cómo puedo ayudar a mi niño o adolescente?

Ayude a su niño o adolescente a obtener el diagnóstico y tratamiento adecuados. Si cree que él o ella pudiera sufrir del trastorno bipolar, consulte con un psiquiatra o psicólogo para consultarle sobre los síntomas que usted observa.

Si su hijo sufre del trastorno bipolar, he aquí algunas cosas básicas que puede hacer:

  • Tenga paciencia
  • Anime a su hijo a que hable y escúchelo detenidamente
  • Sea comprensivo respecto a sus episodios anímicos
  • Ayude a su niño a divertirse
  • Ayude a su niño a entender que el tratamiento puede ayudarle a mejorar

¿Cómo afecta el trastorno bipolar a los padres y familiares?

Cuidar a un niño o adolescente que sufre del trastorno bipolar también puede ser estresante para usted. Usted tiene que lidiar con los cambios de estado de ánimo y otros problemas, como el mal genio y las actividades peligrosas. Esto puede ser un desafío para cualquier padre. A veces el estrés puede perjudicar sus relaciones con otras personas y puede que deba faltar al trabajo o perder su tiempo libre.

Si está cuidando a un niño que sufre del trastorno bipolar, cuídese usted también. Si mantiene bajo su nivel de estrés, podrá desempeñarse mejor. Esto también podría ayudar a que su hijo mejore.

¿Dónde puedo conseguir ayuda?

Debe contactar con profesionales de la salud mental (psiquiatra o psicólogo).

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